Enseña a tus hijos a cuidar de su salud intestinal.

Alimentación infantil

La nutrición también es educación. Como padres tenemos el deber de educar a nuestros hijos en que adquieran hábitos de alimentación saludables. Esto va a hacer que crezcan sanos y fuertes. Una responsabilidad que no podemos dejar, únicamente, en manos del colegio y de los comedores escolares.

Decía Hipócrates que la comida es nuestra medicina. Que una buena parte de las enfermedades que contraemos provienen de la alimentación que tomamos. Y que esa alimentación determina, en gran parte, la fortaleza que tiene el cuerpo para recuperarse de la enfermedad. En el caso de la salud intestinal, esta afirmación es completamente cierta, así lo señala la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), en sus redes sociales, que indica que entre el 70 y el 80% de nuestras defensas están localizadas en el intestino.

Si dejamos a los niños a su libre albedrío, tienden a llevar una mala alimentación. Nos pasaba a nosotros cuando éramos pequeños. Preferíamos las chuches a la fruta. Los hidratos de carbono (pizza, pasta) a la verdura. Gran parte de los niños rechazan alimentos que son esenciales, como las legumbres o la verdura. Como padres tenemos que cumplir una función didáctica. Debemos concienciarlos de que son alimentos buenos para ellos. Y presentarlos, de tal manera, que les parezcan atractivos. Nuestro objetivo es que su ingesta se convierta en cultura.

Pero de poco sirve todo esto si no predicamos con el ejemplo. No podemos educar a nuestros hijos en que coman fruta si nosotros por costumbre nunca tomamos postre. O acostumbrarlos a que coman verdura, si nosotros evitamos las ensaladas como alma que lleva el diablo. Nosotros castigamos nuestro cuerpo, pero lo peor de todo, es que transmitimos a nuestros hijos el mensaje de que eso es normal.

Qué es la microbiota intestinal y por qué es tan importante cuidarla.

Cuenta la página web del Hospital de Bellvitge (Barcelona) que la microbiota intestinal es un conjunto de organismos, sobre todo bacterias, que viven en nuestro intestino. Es un ecosistema de seres vivos que cumplen una función simbiótica con nuestro organismo. La microbiota, por sí misma, llega a pesar hasta dos kilos y concentra tal cantidad de genes, que superan el genoma humano.

Estas bacterias cumplen diferentes funciones. Ayudan a descomponer los alimentos en nutrientes, que más tarde el torrente sanguíneo redistribuirá entre las células. O bloquean una gran cantidad de elementos patógenos, para después ser eliminados por el cuerpo.

La microbiota forma una mucosa que protege las paredes del intestino. Es una barrera que fortalece la unión de las células intestinales y, que al mismo tiempo, evita que las sustancias nocivas entren en la sangre.

Una microbiota pobre o desgastada facilita que se irriten las paredes del intestino, llegándose a producir con el tiempo enfermedades o infecciones inflamatorias en la zona.

El ecosistema que configura la microbiota refuerza el sistema inmunológico general. Hasta tal punto que hay estudios médicos que relacionan el estado de la microbiota con la posibilidad de desarrollar enfermedades que no tienen una relación directa con el sistema digestivo, como el asma.

La microbiota funciona como un órgano del cuerpo humano, pero no lo es. Es un conjunto de seres vivos autónomos. Y como tales, debemos alimentarlos, procurar que tengan un ambiente favorable y facilitar su reproducción y regeneración. Es como si tuviéramos un pequeño jardín en nuestro intestino. Como si estuviéramos cuidando un cultivo bacteriano dentro de nuestro cuerpo. Un cultivo cuyas bacterias son sumamente beneficiosas para nuestra salud.

¿Cómo afecta la salud intestinal a los niños?

El blog Banner Health publica un artículo muy interesante en el que relaciona la salud intestinal con el cerebro, con el desarrollo intelectual y neuronal de los niños. El equilibrio de la microbiota intestinal influye en el aprendizaje y en el estado de ánimo de los más pequeños.

Los médicos del Hospital de Bellvitge ya nos indicaban que la microbiota intestinal comienza a conformarse desde los primeros momentos de vida. En este proceso influyen condiciones como el tipo de nacimiento del bebé (por parto o por cesárea), la alimentación en sus primeros meses de vida (leche materna o leche de sustitución), el proceso gradual de incorporación alimentos sólidos (las papillas) y por supuesto, sus condiciones de confort y relajación. El estrés es uno de los peores enemigos para que se forme la microbiota intestinal. A los tres años de vida, un niño tiene formada una microbiota intestinal equiparable a la de un adulto.

La microbiota intestinal va a ser primordial para que el niño metabolice la fibra y pueda realizar un buen tracto digestivo, y para que sintetice las vitaminas que van a ser fundamentales para su crecimiento. Pero, además, como dice la doctora  Swati Kolpuru, gastroenteróloga pediátrica, a Banner Health, existe una conexión directa ente el intestino y el cerebro que influye en el desarrollo cognitivo del niño. Sin ir más lejos, el 90% de la serotonina, la hormona que regula el bienestar, se produce en el intestino, no en el cerebro. Por tanto, esto va a influir en los niveles de concentración y en el descanso reparador de los niños.

Como dice esta doctora, muchos niños con problemas gastrointestinales experimentan ansiedad y síntomas relacionados con su estado de ánimo que afectan a su bienestar diario.

Una mala salud intestinal merma la concentración, la atención y la memoria y, por consiguiente, afecta a los procesos de aprendizaje. La  dificultad para absorber nutrientes incide en una mayor fatiga física y en un aumento de la irritabilidad; y el deterioro del sistema inmunológico que conlleva esta disfunción intestinal les hace más propensos a contraer, de manera temprana, alergias, asma y enfermedades inflamatorias digestivas.

Señales de un intestino desequilibrado.   

Como indica Banner Health, una microbiota intestinal mal equilibrada o los problemas gastrointestinales en niños, pueden manifestarse de diferente forma. Uno de ellos es la presencia de dolores abdominales frecuentes, dolores de barriga. También puede aparecer acumulación de gases e hinchazón después de las comidas.

Las diarreas habituales son otra de las señales que nos alertan de que el intestino del niño no está en buenas condiciones. La irrupción inesperada de intolerancias y alergias alimentarias también puede venir motivada por algún desequilibrio intestinal.

En otro ámbito de cosas, los problemas en el intestino pueden manifestarse o influir en la aparición de irritaciones cutáneas como eccemas, sequedad en la piel o un excesivo picor.

En el aspecto neuronal, los trastornos gastrointestinales van a influir en que el niño pueda conciliar el sueño o en que pueda permanecer dormido durante varias horas seguidas. Y también van a dificultar que pueda mantener la concentración en la escuela.

Como señala este blog, estos síntomas pueden deberse a múltiples causas. Pero si son habituales, puede haber un problema intestinal de fondo.

Algunos síntomas requieren atención médica inmediata. Como el hecho de detectar sangre en las heces, vómitos crónicos, diarreas graves y continuas, que no hay manera de detener, o estreñimientos prolongados que no se resuelven con cambios de dieta.

Por otro lado, si vemos que al niño le sientan mal determinadas comidas, que a priori son saludables, o experimenta pérdida de peso, comiendo de forma normal, es conveniente acudir al médico.

Alimentos que cuidan la microbiota.   

Principalmente, la microbiota intestinal se cuida y protege llevando una alimentación sana y equilibrada. La página web Escola de Salud, del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona, señala, además, que hay tres grupos de alimentos que son especialmente beneficiosos para nuestra microbiota intestinal.

El primero de ellos son los alimentos ricos en fibra: las legumbres, verduras y hortalizas. La fibra vegetal es el principal alimento de las bacterias que forman la microbiota. Una alimentación rica en fibra va a ayudar a regenerar la microbiota bacteriana y a fortalecerla. Por otro lado, la fibra contiene una serie de compuestos que facilitan el tránsito de los alimentos por el intestino.

En este sentido hay que tomar una cantidad de vegetales lo más variada posible. Ya que cada fruta o verdura aporta unos compuestos bioactivos diferentes y en una proporción distinta. Algunas frutas son ricas en carotenos, otras en polifenoles y otras nos aportan antioxidantes.

Las grasas saludables, como los alimentos ricos en ácidos Omega 3 son el otro grupo de alimentos que favorece la regeneración de la microbiota intestinal. Nos estamos refiriendo al consumo de pescado azul como la sardina, el atún, la caballa; los frutos secos y el aceite de oliva virgen extra. Estas grasas crean una mucosa que protege las paredes intestinales y configuran el hábitat perfecto para que se desarrolle la microbiota. Por otro lado, son necesarias para la metabolización de las llamadas vitaminas liposolubles, como las vitaminas A, D y E. Que sin la presencia de estos aceites, el cuerpo no las puede asimilar correctamente.

Por último, y no menos interesantes, encontramos los alimentos fermentados. Alimentos, que ya de por sí, hacen un aporte directo de bacterias que se van a incorporar a la microbiota, enriqueciéndola y haciéndola más variada. Entre estos alimentos está el yogur natural, pero también otros como el chucrut, que se elabora con col fermentada, o los quesos azules. Mención especial tiene el Kéfir, una bebida láctea fermentada, originaria de Bulgaria y de Rusia y que desde tiempos inmemoriales siempre se ha tomado para reforzar la salud intestinal y el sistema inmunológico.

¿Es bueno dar a los niños suplementos probióticos?

Cuando hablamos de reforzar la microbiota siempre suena como murmullo de fondo la posibilidad de tomar suplementos que nos ayuden a regenerarla de una manera más rápida que la alimentación o que vengan a suplir los efectos de esas carencias alimenticias que tenemos. Como acabamos de ver, para tener una microbiota intestinal fuerte y equilibrada debemos tomar alimentos ricos en fibra, pero no nos gusta ni la fruta, ni la verdura. ¿Es adecuado tomar probióticos?

La pregunta es más relévate aun si nos la planteamos con relación a nuestros hijos. Los científicos de Probactis, un laboratorio español especializado en fabricar productos probióticos, afirman en el blog de su página web, de una manera categórica, que sí. Y lo hacen esgrimiendo argumentos de peso. Los niños son propensos a sufrir infecciones víricas y bacterianas. Las paredes bacterianas que forman la microbiota y, que no solo están en nuestro intestino, sino en una gran cantidad de órganos: vías respiratorias, oído, etc. repelen los virus y bacterias perniciosas. Funcionan como una barrera de protección extra que complementan la acción de otros agentes inmunológicos como los anticuerpos.

En concreto, en lo que se refiere a la microbiota intestinal, estos probióticos ayudan a prevenir y neutralizar virus como los de las gripes estomacales, que son tan frecuentes en los meses de invierno. O combaten los cólicos en niños y bebés que son producidos por infecciones bacterianas.

Es importante ver estos suplementos probióticos como lo que son, un suplemento. Un extra para reforzar y potenciar los efectos de una alimentación equilibrada, que se encuentra en la base de nuestra salud general e intestinal.

La importancia del descanso y del ejercicio.

Las fuentes a las que hemos recurrido para preparar este artículo: el blog Banner Healt y las webs de los hospitales de Bellvitge y Sant Joan de Deu coinciden en señalar que no solo la alimentación es suficiente para conservar una buena microbiota intestinal en los niños. Esta debe ser complementada por un estilo de vida saludable, donde tenga cabida en su justa medida el descanso y el ejercicio físico.

Es importante que los niños tengan una rutina de sueño adecuada a su edad y que se vayan a dormir todos los días a la misma hora. Tanto por la noche, como en la siesta de después de comer.

Por otro lado, hay que fomentar que salgan a jugar al aire libre, en el parque o en la naturaleza. Este hábito ayuda a que refuercen su sistema inmunológico.

Aunque nos parezca que no tiene nada que ver, todo está relacionado. Ni el insomnio, ni el estrés, ni el sedentarismo son buenos para la salud intestinal del niño.

Todos estos son hábitos que tenemos que inculcar los padres.

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