Los desayunos preferidos en España.

Café con leche y cruasán

El 81% de los españoles desayunan fuera de casa al menos una vez a la semana. 1 de cada 4 afirma que le gusta desayunar en bares y cafeterías. ¿Qué desayunamos? Te presentamos la lista.

Un estudio encargado por la cadena Starbuks y que sale publicado en la revista FRS señala que el 41% de los profesionales españoles prefieren desayunar fuera de casa. Lo hacen para aprovechar mejor el tiempo y no llegar tarde al trabajo. El desayuno en la cafetería marca el inicio de la jornada productiva.

El profesional desayuna cerca de su puesto de trabajo. En aquellas empresas donde se les permite, algunos fichan y al poco tiempo se van a la cafetería, aunque esta no es la práctica más habitual. El desayuno, a diferencia del almuerzo o del café de media mañana, es un acto solitario. El 43% de los encuestados señalan que aprovechan el desayuno para leer la prensa o para consultar las Redes Sociales. Un 30% dicen que lo que hacen es organizarse la mañana o adelantar alguna tarea del trabajo. Un tercio indica que desayunar le ocupa menos de 10 minutos.

Pero el desayuno fuera de casa no está solo ligado a la producción. Está cogiendo fuerza la tendencia de salir a desayunar los días de descanso. Es habitual ver terrazas de cafeterías repletas los sábados y domingos por la mañana. Es un desayuno más relajado. Desayunamos más tarde y  le dedicamos más tiempo. En ocasiones, este desayuno es compartido. Un momento para disfrutar con la pareja. Igualmente, el desayuno marca el comienzo de una jornada. Esta vez para ocuparnos de las tareas domésticas, de asuntos propios, para relajarnos o para iniciar una sesión de ocio. Desayunamos fuera de casa antes de ir el sábado por la mañana al hipermercado, o a mitad de camino de una escapada turística.

El café con leche es la bebida esencial. 9 de cada 10 españoles mayores de edad no conciben el día sin tomarse antes un café. ¿Con qué lo acompañamos?

Tostada de aceite, tomate y sal.

Este es uno de los desayunos que más popularidad está alcanzando en nuestro país. Se trata de un desayuno típico de Andalucía, pero que en realidad lo vemos en cualquier ciudad española. Es una comida de aprovechamiento. Una porción de pan del día anterior, que tostamos y la rociamos con aceite de oliva, restregamos tomate sobre ella y la aderezamos con un pellizco de sal.

En Plaza España, de Palma de Mallorca, el centro neurálgico de la ciudad, este es el desayuno estrella. Esta plaza abierta, que se encuentra en frente de la Estación Intermodal (la estación de ferrocarriles y autobuses que comunica la capital con el resto de la isla) y que, además, es el nudo principal de conexión de los autobuses urbanos, está repleto de cafeterías. Aunque sirven bollería, el alimento que más se ve en las mesas es una barrita de pan tostado, con la vinajera al lado y un pequeño cuenco con tomate triturado y una cucharilla para que el comensal se prepare la tostada al gusto.

En Palma vive mucha gente de origen andaluz. Se puede pensar que las tostadas de tomate llegaron con ellos. Pero lo cierto es que tomar pan con tomate y aceite está asentado en Mallorca antes de ellos llegaran. Es la base del Pa amb oli, una yescas que en Mallorca se suele acompañar con  embutidos en el almuerzo de media mañana o para cenar.

Aunque sin tostar, esta es una comida muy mediterránea. En Cataluña es conocido el Pa amb tumac, perfecto para acompañarlo con una loncha de jamón serrano.

Cruasán.                     

Es un bollo de origen francés, pero que se ha institucionalizado como uno de los básicos del desayuno en España. En especial, cuando desayunamos en una cafetería.

Hay lugares donde sirven cruasanes realmente buenos. Como en los establecimientos de El Molí, una franquicia de cafeterías de origen alicantino, repartidas casi por toda España y que sirven bollería de elaboración propia que se caracteriza por su calidad y sabor. Ingredientes 100% naturales y un toque maestro que parece que el producto sea artesanal. Yo vivo en Manresa, una ciudad de Barcelona donde la cadena tiene un establecimiento. Cada vez que bajo al Passeig de Jaume III, la rambla de centro de la ciudad, no dudo en detenerme un momento para tomarme un café con leche acompañado de un sabroso cruasán.

Hace unas décadas cogió fuerza la tendencia de pasar los cruasanes por la plancha. Tengo constancia de que en algunas cafeterías de Zaragoza todavía lo siguen haciendo. Como si fuera un bocadillo, el cruasán lo parten por la mitad y lo asan en una plancha. Después te lo sirven en un plato para que lo untes con mantequilla y mermelada, lo montes y te lo comas con cuchillo y tenedor.

La bollería del desayuno se ha vuelto variada. Tenemos las berlinas, que son como una versión pastelera de los donuts industriales, napolitanas, las ensaimadas pequeñas (que nunca están igual de buenas que en Mallorca) o los xuxos rellenos de crema. Pero el cruasán es de manera indiscutible, el bollo oficial del desayuno.

Porras y churros.

Las porras son el desayuno típico de Madrid. En todas las cafeterías y bares de la capital los sirven para desayunar. Los churreros las elaboran a primerísima hora de la mañana, antes de que salga el sol. En furgonetas reparten las porras cortadas por todos los establecimientos de hostelería. A las 6 de la mañana, las calles de Madrid estan recorridas por vehículos industriales que se mueven a toda prisa, como si la vida les fuera en ello. Los repartidores de prensa, que dejan los periódicos en los quioscos, y los repartidores de churros, que golpean las persianas de los bares, en ocasiones, antes de que hayan abierto. Lo más parecido que he visto en mi vida a la expresión popular “están poniendo las calles.”

Lo tengo comprobado. Da igual lo temprano que vayas a desayunar, en las cafeterías de Madrid siempre hay porras. Y si por lo que sea, el repartidor esa mañana va con retraso, la clientela se espera hasta que llegue. Procurando, eso sí, que no entre en contradicción con la hora de fichar. La llegada de las porras al bar es un momento mágico. El más esperado por los clientes mañaneros. No hay mayor placer a esa hora de la mañana, que tomarse un café con porras recién hechas.

Luego las porras se ponen en una bandeja de metal encima de la cafetera. Para mantenerlas calientes el máximo tiempo posible. En las cafeterías madrileñas, las porras son limitadas. Cuando se han acabado ya no hay más. Un incentivo para ir a desayunar lo antes posible, para no quedarte sin tu ración diaria.

Los churros, aunque emparentados con las porras, tienen unas pautas de consumo diferentes. Las porras en Madrid se toman con café con leche, pero los churros se continúan mojando en chocolate. Las porras son un desayuno de diario y los churros se asocian más a los días de fiesta.

Una tradición muy española es salir los domingos por la mañana a comprar churros para comerlos en casa con la familia. Era un detalle que indicaba que estábamos en un día grande. Como el cocido o la paella del mediodía.

Cuando las churrerías, además de hacer churros, se pusieron a servir desayunos, las familias se desplazaron hasta allí para desayunar.

Tostadas de mantequilla y mermelada.  

Estas tostadas, piedra angular del desayuno continental, en realidad, como nos cuenta el periódico digital Mundo Diario, tienen más de 200 años de antigüedad y proviene de las zonas rurales de Dinamarca.

Como sucede con gran parte del norte de Europa, esta región era una gran productora de mantequilla. Las tostadas era una manera de darle salida a todo el excedente de este producto. Se untaba sobre el pan y se la añadía mermelada, la conserva que permitía alargar la vida de la fruta, un producto altamente perecedero.

El pan, la mantequilla y la mermelada la elaboraban los propios granjeros. Digamos que era una comida de aprovechamiento. Una salida para que no se echaran a perder los alimentos.

Las tostadas salen de las casas de los campesinos y llegan a los establecimientos de hostelería a finales del siglo XIX, en una bodega de Copenhague que regentaba un tal Oscar Davidsen. Quien vendía sus vinos acompañados de sándwiches.

Hasta ese momento, en Dinamarca, las tostadas eran vistas como una comida de pueblerinos. Sin embargo, en poco tiempo se volvieron populares en la ciudad. Toda la energía que aportaba las tostadas a la gente de campo, se vio que era útil para afrontar las duras jornadas de trabajo en la ciudad.

Gran parte de la popularidad que han alcanzado las tostadas en todo el mundo se debe a la llegada de este desayuno a EE.UU. Se presume que viene con la llegada de inmigrantes del centro y norte de Europa durante finales del siglo XIX y principios del XX. El cine, la publicidad y la literatura han terminado por extenderlas por todo el planeta.

El zumo de naranja.  

Otro elemento del desayuno continental es el zumo de naranja. Un complemento al café, con tostadas o con bollería, que hemos incorporado a nuestra rutina. Dentro de esa versión tan particular que hemos hecho en España de esta modalidad de desayuno.

Sí, porque el desayuno continental es una comida completa, que además del café y  tostadas, incluye cereales, yogur, fruta fresca, queso, etc. Digamos que lo hemos simplificado para ahorrarnos trabajo en su elaboración y tiempo en su consumo. Los españoles desayunamos en poco tiempo, y a diferencia de lo que ocurre en otras partes de Europa, por nuestro ritmo de vida, para nosotros el desayuno no es la comida más importante del día.

Para los españoles, el zumo de naranja es un complemento Premium. Nos aporta un chute de vitamina C que nos hace sentirnos más activos, con más energía. Sin embargo, como cuenta la web Nutrición Nervión consumirlo de manera habitual no es precisamente beneficioso para la salud. Provoca picos de azúcar en sangre que es difícil de metabolizar.

La razón es que toda la vitamina C de la naranja y sus azúcares naturales, los tomamos de golpe, en lugar de ir liberándolos poco a poco, como sucedería si comiéramos la fruta. Con el zumo eliminamos la pulpa, un componente rico en fibra que favorece el tracto digestivo.

El cuerpo humano está preparado para asimilar las vitaminas, azúcares y minerales de manera progresiva. Tomarlos de golpe provoca un desarreglo nutricional que hace que la sangre se sature de nutrientes y que el cuerpo los deseche en poco tiempo, ya que percibe un exceso de los mismos.

No es mala idea incorporar fruta fresca al desayuno. Pero siempre es mejor comerla en pieza que beberla en zumo.

Las leches vegetales.

Un complemento novedoso en los desayunos actuales, es sustituir la leche de vaca por leche vegetal. Pensamos que de esta manera nos estamos cuidando. Pedimos el café con leche de la mañana con leche de soja o leche de avena.

Primero debemos tener claro que las leches vegetales no existen. La leche es un alimento que dan los mamíferos a sus crías, y que fabrica el cuerpo de las madres con aquellos nutrientes que son indispensables para el crecimiento de los cachorros.

Una leche vegetal no es más que una bebida de agua con algunos productos de origen vegetal. Carece, por tanto, de las vitaminas propias de la leche y de minerales esenciales como el calcio. Para que estas bebidas nos cuidaran tanto como la leche de vaca habría que suplementarlas.

Con estas bebidas prescindimos de otro elemento que es fundamental para nuestro cuerpo y es la grasa de la leche. La cual es rica en ácidos grasos, como el ácido oleico, que beneficia la salud cardiovascular y es útil para metabolizar vitaminas liposolubles.

Es bueno que pensemos cómo cuidarnos en el desayuno. El desayuno es una comida fundamental, es la primera comida del día, pero también nos reporta gratos momentos de satisfacción.

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