Cómo convertirse en guardaespaldas de famosos: la profesión detrás del mito

Pocas profesiones tienen tanto glamour en el imaginario popular como la de guardaespaldas de una celebridad. La imagen es fácil de reconocer: un hombre corpulento, gafas de sol, pinganillo en la oreja, siempre un paso por detrás de la estrella a la que protege, abriéndose paso entre una multitud de fans y flashes. El cine ha alimentado bastante ese mito —una de las películas más conocidas fue «El guardaespaldas», protagonizada por Whitney Houston y Kevin Costner en 1992—, pero detrás de esa imagen hay una profesión regulada, exigente y bastante más técnica de lo que parece. Si te atrae la idea de dedicarte a la protección de personas, debes entender primero cómo funciona realmente este oficio, qué formación se necesita y cómo se llega, poco a poco, a proteger a alguien conocido.

Escolta privado: la profesión detrás del «guardaespaldas»

 

En España, lo que coloquialmente llamamos «guardaespaldas» tiene un nombre legal: escolta privado. Se trata de una figura reconocida y regulada por la Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, que en su artículo 26 la incluye, junto a los vigilantes de seguridad, los guardas rurales, los jefes y directores de seguridad y los detectives privados, dentro del personal habilitado para ejercer funciones de seguridad privada. La misma ley, en su artículo 27, establece que nadie puede ejercer estas funciones sin obtener previamente la habilitación correspondiente del Ministerio del Interior, que se materializa en la conocida Tarjeta de Identidad Profesional (TIP).

Esto significa que no es posible, legalmente, presentarse como «guardaespaldas» sin más: hace falta pasar por un proceso reglado que incluye formación específica, superar unas pruebas de conocimiento convocadas por el Ministerio del Interior, y demostrar que se cumplen una serie de requisitos personales y profesionales.

Del vigilante de seguridad al escolta: el camino habitual

 

En la práctica, la mayoría de las personas que terminan trabajando como escoltas de figuras públicas no empiezan directamente ahí. El itinerario más habitual pasa primero por obtener la habilitación de vigilante de seguridad y, una vez conseguida, acceder a la especialidad de escolta privado, que requiere una formación adicional centrada específicamente en la protección de personas. En ella se abordan cuestiones como las técnicas de escolta, la conducción evasiva, los primeros auxilios, la planificación de itinerarios seguros o el análisis de riesgos.

Para acceder a esta profesión también es necesario cumplir una serie de requisitos establecidos por la normativa de seguridad privada. Tal y como explican desde AGAR Formación, entre las condiciones de acceso se encuentran ser mayor de edad; estar en posesión, o en condiciones de obtener, el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria, de técnico o una titulación equivalente o superior a efectos profesionales; cumplir los requisitos de nacionalidad establecidos para el ejercicio de la profesión; carecer de antecedentes penales y reunir el resto de condiciones previstas en la normativa vigente. A estos requisitos se suma la necesidad de superar un reconocimiento médico que acredite la aptitud física y psíquica necesaria para desempeñar las funciones de seguridad privada.

Cumplir estas condiciones constituye el punto de partida para poder presentarse al proceso de habilitación. Después, la formación específica y la experiencia profesional permiten adquirir las competencias necesarias para ejercer como escolta, una actividad que requiere mucho más que una buena condición física: también exige capacidad de observación, discreción, planificación y rapidez para reaccionar ante situaciones imprevistas.

Qué se estudia realmente en la formación de escolta privado

 

Contrario a la imagen popular de la profesión, buena parte del trabajo de un escolta no tiene que ver con la fuerza física, sino con la prevención, la anticipación y la gestión de riesgos. Los programas formativos de escolta privado suelen incluir, entre otros bloques:

  • Aspectos jurídicos de la profesión, para conocer exactamente los límites legales de la actuación de un escolta, sus derechos y sus obligaciones.
  • Psicología aplicada a la protección de personas, orientada a entender el comportamiento de multitudes, detectar comportamientos anómalos y gestionar situaciones de tensión sin recurrir a la fuerza siempre que sea posible.
  • Técnicas de protección de personas, que incluyen desde cómo organizar los desplazamientos y los itinerarios hasta cómo formar un dispositivo de seguridad alrededor de la persona protegida en distintos escenarios: un acto público, un desplazamiento en coche, una entrada o salida de un recinto.
  • Medios de protección y, en su caso, armamento, para quienes vayan a desempeñar funciones que lo requieran.
  • Conducción evasiva, una de las especialidades más demandadas dentro del sector, orientada a saber reaccionar al volante ante un intento de secuestro, seguimiento o ataque.

Esta base técnica es la que después permite a un profesional trabajar tanto en la protección de empresarios y autoridades como, más adelante, en el entorno de figuras públicas y celebridades, donde se añaden factores particulares: la gestión de fans y paparazzis, la coordinación con la seguridad de recintos y hoteles, y una exposición mediática constante que no siempre está presente en otros ámbitos de la profesión.

Guardaespaldas que se han hecho casi tan conocidos como sus protegidos

 

Aunque la mayoría de los escoltas trabajan en un discreto segundo plano, hay algunos casos en los que la propia repercusión mediática de la persona a la que protegen ha terminado convirtiéndolos, casi sin buscarlo, en figuras conocidas por derecho propio.

Uno de los ejemplos más recientes es el de Yassine Cheuko, el escolta de Lionel Messi desde su llegada al Inter Miami. Cheuko, un exmarine estadounidense que llegó a estar destinado en Irak y Afganistán antes de dedicarse profesionalmente a la seguridad, se convirtió en una presencia constante junto al futbolista argentino, tanto dentro como fuera del terreno de juego, hasta el punto de acumular cientos de miles de seguidores en redes sociales solo por su papel como su sombra protectora. Su caso ilustra bien cómo, en el entorno de una estrella global, la seguridad no depende de una sola persona, sino de un equipo amplio y coordinado.

Otro nombre habitual en este tipo de listas es el de Peter Van der Veen, un antiguo policía holandés y culturista que pasó a trabajar en la protección de artistas como Lady Gaga y, más adelante, Adele, ganándose cierta notoriedad mediática por su propia presencia física, además de por su trabajo.

En el ámbito de la realeza británica, se recuerda con frecuencia la figura de Lee Sansum, exmilitar y expolicía que formó parte del equipo de protección de Diana de Gales durante buena parte de su vida pública, un ejemplo de cómo la escolta de figuras institucionales combina protocolo, discreción y una enorme responsabilidad, sumada a la presión mediática constante.

Estos casos, más allá de la anécdota, dejan una idea clara: llegar a proteger a una figura de primer nivel no suele ser el punto de partida de la carrera de un escolta, sino el resultado de años de experiencia, buena reputación profesional y, en muchos casos, de haber pasado antes por la protección de empresarios, autoridades o eventos de alto perfil.

Cómo se llega, en la práctica, a trabajar con famosos

 

No existe un atajo directo entre obtener la habilitación de escolta y proteger a una celebridad desde el primer día. El camino habitual suele incluir varios pasos intermedios:

  1. Adquirir experiencia en seguridad privada general.La mayoría de los profesionales empiezan trabajando como vigilantes de seguridad en distintos entornos —centros comerciales, eventos, instalaciones industriales— antes de especializarse.
  2. Especializarse como escolta privado y seguir formándose.Superada la habilitación básica, conviene ampliar formación en áreas como conducción evasiva, primeros auxilios avanzados o idiomas, especialmente inglés, que resulta prácticamente imprescindible para trabajar con clientela internacional.
  3. Trabajar para empresas de seguridad especializadas en protección VIP.La mayoría de los escoltas que terminan trabajando con artistas, deportistas o empresarios lo hacen a través de empresas de seguridad especializadas en este tipo de servicios, no de forma autónoma. Estas empresas son las que gestionan los contratos con agencias, productoras, clubes deportivos o directamente con el entorno del famoso.
  4. Construir una reputación de discreción y fiabilidad.En un sector donde el boca a boca y la recomendación personal pesan mucho, la discreción absoluta sobre la vida privada de la persona protegida es, probablemente, el activo más valioso de un buen escolta a largo plazo.
  5. Estar dispuesto a una disponibilidad y un ritmo de vida exigentes.Viajes constantes, jornadas irregulares y una atención permanente al entorno son parte del día a día de quien protege a una figura pública, algo que conviene valorar antes de decidirse por esta especialización.

Cuánto se gana y qué salidas tiene el sector

 

Uno de los aspectos que más dudas genera entre quienes se plantean esta carrera es el económico. Aquí conviene diferenciar dos etapas bien distintas. Como vigilante de seguridad «de base», los salarios en España suelen moverse en unos rangos modestos, marcados en gran medida por el convenio colectivo del sector, con jornadas que a menudo incluyen turnos rotativos, noches y festivos. Es una etapa que, aunque necesaria para adquirir experiencia y antigüedad, no suele ser la más atractiva económicamente.

La cosa cambia bastante cuando se avanza hacia la especialización en protección de personas y, sobre todo, cuando se empieza a trabajar de forma habitual para clientes de alto perfil: empresarios, artistas, deportistas o eventos privados de gran presupuesto. En ese segmento, los honorarios pueden ser sensiblemente superiores, especialmente si el profesional trabaja para agencias de seguridad de prestigio, acumula idiomas, formación en primeros auxilios avanzados y buenas referencias de clientes anteriores. Aun así, conviene ser realista: los sueldos que a veces circulan en prensa sobre el coste anual de la seguridad de determinadas celebridades hacen referencia al gasto total del cliente, que a menudo se reparte entre varios profesionales y una empresa de seguridad, no al salario individual de cada escolta.

Más allá de la protección de famosos, que es solo una parte —minoritaria en volumen, aunque la más visible— del sector, la formación en vigilancia y protección abre otras salidas profesionales interesantes: seguridad en eventos y espectáculos, protección de ejecutivos y directivos de empresa, seguridad en el transporte de fondos y objetos de valor, coordinación de dispositivos de seguridad en instalaciones críticas, o el salto, con los años, a puestos de jefe o director de seguridad, que implican ya funciones de planificación y gestión de equipos más que de protección física directa.

Errores habituales de quien empieza en el sector

 

Quienes se acercan a esta profesión atraídos sobre todo por la idea de trabajar con famosos suelen cometer algunos errores de planteamiento que conviene evitar desde el principio.

Pensar que la fuerza física es lo más importante. Sin duda ayuda tener una buena condición física, pero la mayor parte del trabajo de un buen escolta consiste en anticiparse a los problemas para que nunca lleguen a producirse, no en resolverlos por la fuerza una vez que ya han ocurrido. La capacidad de observación, la planificación y la gestión del estrés pesan tanto o más que la corpulencia.

Subestimar la parte legal y administrativa de la profesión. Trabajar sin la habilitación correspondiente, o desconociendo los límites legales de la actuación de un escolta, puede acarrear consecuencias serias tanto para el profesional como para la empresa que lo contrata. Conocer bien la normativa no es un trámite secundario, sino una parte esencial del oficio.

No cuidar la discreción desde el primer día. Airear detalles sobre clientes, aunque sean poco relevantes, es una de las formas más rápidas de cerrarse puertas en un sector donde la confianza y la confidencialidad son la base de cualquier contrato a largo plazo, especialmente en el entorno de personas con gran exposición mediática.

Esperar resultados inmediatos. Como en la mayoría de profesiones especializadas, llegar a trabajar de forma habitual con clientes de primer nivel suele ser el resultado de varios años de trayectoria, formación continua y buena reputación, no de una habilitación recién obtenida.

Una profesión con más responsabilidad que glamour

 

Más allá de la imagen que proyectan el cine y las redes sociales, ser escolta de una persona famosa es, ante todo, un trabajo de alta responsabilidad que exige preparación técnica, capacidad de análisis y una entrega personal considerable. La parte visible —la que llega a las portadas o a los vídeos virales de algún escolta acompañando a un futbolista o a una cantante— es solo la punta de un proceso mucho más largo: formación reglada, habilitación oficial, años de experiencia y, con frecuencia, un trabajo previo mucho menos vistoso en el sector de la seguridad privada convencional.

Para quien esté realmente interesado en esta salida profesional, el primer paso no es soñar con proteger a una estrella, sino informarse bien sobre la formación necesaria para obtener la habilitación de vigilante de seguridad y, más adelante, la especialidad de escolta privado, cumpliendo los requisitos que marca la ley y apostando por una preparación seria en un centro que ofrezca la formación oficial reconocida por el Ministerio del Interior.

 

Manténgase conectado

Facebook
X
Tumblr
Threads

Más comentados

Trucos para hacer un buen examen

Hacer un examen perfecto es todo un arte. Puede parecer una tontería ahora mismo y es que ahora mismo muchos están pensando que el único arte es el que da